El breve amor



Por: Julio Cortazar

Con qué tersa dulzura me levanta del lecho en que soñaba profundas plantaciones perfumadas,
me pasea los dedos por la piel y me dibuja en le espacio,
en vilo, hasta que el beso se posa curvo
y recurrente para que a fuego lento empiece la danza cadenciosa de la hoguera tejiéndose en ráfagas, en hélices,
ir y venir de un huracán de humo-

(¿Por qué, después, lo que queda de mí es sólo un anegarse entre las cenizas sin un adiós, sin nada más que el gesto de liberar las manos?)

La melancolía

Que deliciosa es la miel melancólica de la melancolía.

Que fácil es juzgar la desventura que nos lleva a tan frío estado del corazón, pero que duros somos al juzgarle sin sentirla intensamente.

«Qué sólo cuando no te tengo, ni existes, ni estoy en posibilidad práctica de tenerte que me siento de esta forma, y si hablamos de las condiciones de posibilidad del ser como infinitas y que el hombre ambicioso se concentra en obtener… Bien vale la pena hacer notar que este camino sin retorno es tan fortuito, como ganarse la lotería»

Si en verdad no puedo poseer lo que deseo si en verdad está absolutamente fuera de mi realidad y de todo lo que como ser humano puedo aspirar en la brevedad de mi propia existencia, en serio debe ser doloroso mirarte sonreír.

Pero dicho dolor no puede ser más efímero que al pronunciarlo se destruye, ya no existe, ya no está. porqué mientras ella para mí es posibilidad imposible y probabilidad inalcanzable si es que a caso yo fuera una ecuación derivada de la integración de otra cosa… «Se fue la luz»

… No soy yo al mismo tiempo posibilidad interminable de alguien más. ¿Cuántas historias no tendrán su final y su principio en mi? Debo ser principio y leimotiv en más de 1,000 conversaciones cada año, por necesidad absoluta de la convivencia social. Aún la gente que me odia debe odiarme a consciencia, aún la gente que me olvida debe utilizarme como escalafón para construir la diferencia entre los que si recuerda.

Por tanto imposible será pues borrar mi existencia sin pena ni gloria, si es que dicha situación me mantenía alarmado, pero no quiero admitir que lo dicho sea necesariamente el caso. El argumento en lo que vienen dichas palabras, es que es pues, la melancolía es «un garbanzo de a libra»

Pues no todos los días nos encontramos frente a la posibilidad real de atraparnos a nosotros mismos en un callejón sin salida. Pues generalmente actuamos para a toda costa evitar dichas calamidades. Pero si ya estamos aquí, sentados en el fondo de lo que entendemos como fondo, si nos jactamos de vivir al pie de nuestros sueños y con el alma en cada instante que respiramos, la melancolía no es más que la resaca de una noche de intoxicarse en forma suicida de amor por la vida.

Por me enorgullezco de sentirme melancólico, intranquilo, desdichado y miserable.

Por los que luchan

Hoy que he tenido un día insatisfecho quiero escribir lo siguiente:

A mi, no me pasa nada.
nada me falta,
nada me duele,
nada me inquieta.

Es sólo la pretensión del hombre la que le aleja de lo esencial.
a veces sólo tienes que beber una copa de vino.

No siempre la solución existe,
pues en ocasiones la vida se enreda en sí misma,
como el cable de los audífonos.

«Tengo razón»

Los seres humanos somos tan graciosos que no entendemos que la vida es, por encima de nosotros.

La decadencia esta solamente en el cansancio, el cansancio es natural y temporal.
Nadie está cansado todo el tiempo, pues es imposible no cansarse de estar cansado.

Es la ingenuidad de pensar que comprendemos cuando no lo hacemos la que nos conduce al error.
El error sólo existe cuando pensamos que existe algo correcto.

Porqué fuera de la caprichosa moralidad humana nada esta bien ni mal, simplemente existe.

La belleza absoluta existe en las transformaciones naturales, vidas y muertes licuadas en colores verdes, azules y violetas que huelen a tierra mojada y a frutas tropicales. Como las sonrisas auténticas, las incidencias paradójicas y las ironías circunstanciales. Que nada es más grande que el sentido pleno de la vida siendo ella misma.

Como todos los que lo saben lo intentan de decir, y para salir del lugar común encuentran combinaciones tan poéticas y maravillosas que obligan al que lo entiende a conmoverse al borde de las lágrimas, que los sensibles disfrutamos en derramar.

Lo que no había alcanzado a entender vendrá explicado de forma muy vaga y ambigua en mi siguiente post.

Me sirve no me sirve

Por: Mario Benedetti

La esperanza tan dulce
tan pulida tan triste
la promesa tan leve
no me sirve

no me sirve tan mansa
la esperanza

la rabia tan sumisa
tan débil tan humilde
el furor tan prudente
no me sirve

no me sirve
tan sabia tanta rabia
el grito tan exacto
si el tiempo lo permite
alarido tan pulcro
no me sirve

no me sirve
tan bueno tanto trueno

el coraje tan dócil
la bravura tan chirle
la intrepidez tan lenta
no me sirve

no me sirve
tan fría la osadía

si me sirve la vida
que es vida hasta morirse
el corazón alerta
si me sirve

me sirve cuando avanza
la confianza
me sirve tu mirada
que es generosa y firme
y tu silencio franco
si me sirve

me sirve la medida
de tu vida

me sirve tu futuro
que es un presente libre
y tu lucha de siempre
si me sirve

me sirve tu batalla
sin medalla

me sirve la modestia
de tu orgullo posible
y tu mano segura
si me sirve

me sirve tu sendero
compañero.

¿De qué color?

Debo guardar silencio,
y observar…
debo guardar silencio,
y escuchar.

No escucho claramente nada,
porque todo se siente lento,
en mis manos se escapa todo el tiempo,
el presente.

No podría sentir más intensamente todo,
como volar en sueños,
todo lo que ahí encuentro,
se vuelve real.

¿De qué color serás cuando te vuelvas realidad?

La terapia

-Siéntese, recuéstese. Póngase cómodo. ¿Le ofrezco un vaso con agua?- Dijo el doctor para calmar los nervios ansiosos de aquel hombre desesperado. -Gracias doctor. No no, estoy bien muchas gracias-. Dijo Bates quebrándose en agradecimientos pusilánimes. Definitivamente el hombre a penas y podía controlarse.

-Háblame de esta mujer, ¿Por donde quiere comenzar?- Se sentó el doctor, con una elegante libreta forrada en piel color café y un brillante bolígrafo de color negro, en una silla frente donde recién se había posado el caballero de unos 30 años, muy delgado y escuálido. Un hombre sencillo, inteligente y notablemente inseguro.

-`¿Qué sentido tiene doctor?, El problema no es nada sobre ella, esto se trata de mí. Sólo he venido en busca de una cura, de una solución sobre como sacarla de mi cabeza. Entiendo que no tengo futuro con ella, es abrumador el poder que ejerce sobre mi persona sólo cuando la miro entrar en la habitación, claro es para mí y para el mundo, que jamás podría tenerla-. Repuso atropellándose y con tono chillón mientras miraba al horizonte.

-Entonces, dígame: ¿Porqué meter debajo de la cama, algo tan macabro y espeluznante como un amor incomprendido? ¿A caso desea que con el tiempo sólo se agrave el problema? Claramente lo que usted necesita es desahogarse, pues mientras siga reprimiendo lo que siente jamás dejará de mirar a esta simple mujer como una semidiosa inalcanzable-. -¿Simple mujer?- Y continuó cambiando el tono de voz incluso levantando el tronco del diván y casi reincorporándose por completo. -Muchas cosas será, pero simple jamás podría. Es una perla preciosa, con poderes mágicos. Entrenada en el arte de encantar, el tono de su voz tan envolvente, nadie puede dejarla de escuchar, aún su belleza intenta distraer la atención de sus palabras, incluso al grado de alcanzar a confundirnos pero definitivamente…-. Interrumpió el doctor. -¿No se da cuenta de lo que está haciendo? Está elogiando sin control a una mujer a la cual no puede ni hablarle. Su retórica me enferma y me parece que lo que usted necesita es un antidepresivo y tomar unas vacaciones.

Ernest Bates, era un pobre asalariado de los suburbios de una ciudad en decadencia, leía novelas de amor en sus tiempos libres y siempre estaba buscando encontrar un poco de romanticismo en todo lo que hacía. Frecuentaba con regularidad los mismos lugares y compartía sonrisas con aquellos desconocidos a los que se hizo familiar a la vuelta de algunos meses. Llevaba a penas 6 meses en aquella folclórica ciudad, y ya sentía que había encontrado, el sueño de su vida.

El doctor, Lusian Velmont, un viejo amargado adicto a la cocaína, tenía fama de ser una de las eminencias de la cátedra de Psicología y Psicoanálisis de la Academia Nacional. Era de esos tipos que no pueden sostener un reconocimiento más, pero que probablemente no han dicho nada nuevo en 35 años.

Era, si bien un amargado y aburrido de la vida, un hombre inteligente y tenaz, agresivo y ambiciosa casi en demasía, que alcanzó los logros que había planeado para toda una vida en tan sólo diez años, por eso la actualización de su proyecto de vida consistió en derrocharlo todo, arruinarse, destruirlo todo y mirar como era imposible.

Ambos de padres extranjeros, en una ciudad pegajosa y olorosa, pero al mismo tiempo encantadora, llena de gente tan diversa que no era fácil dibujar una idiosincrasia general, el cielo y el infierno, acompañado de toques sincréticos entre lo que los nativos construyeron por años y los conquistadores transformaron en décadas. Una asquerosa desigualdad enmarcada en un sentido del humor ufano y profundo, una inteligencia cultural dormida y pasiva pero al mismo tiempo expectante. Escalofriantemente estática y activa. Construyéndose todo el tiempo, y destruyéndose al mismo tiempo, como con las mismas manos, como por las mismas cosas.

-Usted no entiende doctor. No es tan simple. Si bien no soy un genio, tampoco soy un imbécil. Es claro que la idolatro y que no me puedo controlar, es claro que es posible que ella no exista pero que aún así me esfuerce por recrearla constantemente en mi mente como un avatar de una historia perfecta. ¿Pero que más puedo hacer si jamás tendré una oportunidad de tener algo así? Estoy por demás agradecido de haberme cruzado en su camino, pues sólo verla tan de cerca me ha hecho vivir los momentos más felices de mi vida. ¿No se da cuenta que gracias a ella, pude por fin saber a que sabe el color violeta? Pude por fin ponerle rostro a todos esos poemas anónimos que he venido leyendo desde que tenía 7 años-. -No lo entiendo entonces,-. Repuso el doctor disimulando su honda respiración para calmarse. -Si es esta mujer la que ha abierto las puertas sensibles del mundo para usted, y su sólo contacto o cuasi interacción momentánea, sin palabras donde, probablemente, todo se reduzca al cruce de algunas miradas y entre aquellas, una tímida sonrisa de esta dama, que usted ha interpretado como una señal maravillosa y ha puesto todo el empeño que su imaginación y su locura le permiten para convertirla en el instante en que todo se volvió perfecto, ¿Porqué desea tan fervientemente olvidarse de ella?-.

-No es que lo desee, es que necesito hacerlo. Me reconozco indefenso ante ella, me entiendo completamente fuera mi mismo cuando estoy con ella, cuando hablo con ella, cada vez que la miro siento que puedo ver profundo en su alma, no sé claramente lo que veo, pues nunca había experimentado dicha conexión. Es por eso que no debo alejarme de ella, construir todo de nuevo lejos de la idea de ella, en donde pueda volver a florecer todo de nuevo, y en donde ella pueda volver a ser musa de todo lo que vendrá en mi nueva vida-.

-¿Dice que no debe alejarse de ella?-. Pregunto Velmont, como quien habla con un niño, -Que debo alejarme de ella, lo siento-. Corrigió Bates.

-En definitiva no lo entiendo-. dijo fríamente el doctor mientras hacía algunas anotaciones en su libreta. Es muy claro lo que pasa. Simplemente se ha fijado en una chica, pero el concepto de sí mismo no le permite sentirse afortunado y prefiere negarse la oportunidad de conocerla, adoptando el papel contemplativo y analítico que ha adoptado. En vez de conocerla, descubrirla y romper con el cerco imaginativo y mágico que usted fabricó a su al rededor, se queda ahí impávido, conforme y estático, sufriendo no de pena por una amor que no tendrá sino por la incapacidad de actuar y el yugo del miedo que como grillete le aferra al suelo por el miedo. Señor Bates, ¿A qué es a lo que más le teme?-. -No lo entiendo,-. Dijo genuinamente Bates mientras miraba al doctor desconcertado. -Si, ¿Qué es lo que teme que sucede si esta situación no se modifica? Porqué si está aquí esta mañana, y se ha excusado de sus obligaciones es porque debe pensar que algo grave sucederá de no modificarse esta situación. Así que señor Bates, dígame con franqueza: ¿A qué le teme?-.

Esta conversación podría seguir eternamente, ¿Este pobre hombre no se da cuenta que lo único que hace es divagar sobre sus miedos? Si las personas simplemente aceptaran que quieren cosas distintas a las que tienen y además a las que pueden tener, si fueran honestos consigo mismos y aprendieran a ver la belleza en todas las cosas que existen como únicas y dejaran de ponerle nombres y achacándoles emociones a objetos animados e inanimados. Si dejaran de vestir las ciudades con clichés y las mujeres bellas con sentimientos puros. No existe relación significativa entre el amor, y lo que los hombres de mis días entienden como belleza, seguramente en terrenos para mi incomprensibles es posible que exista dicha relación pero lo que a este hombre le pasa, es que tiene miedo de luchar por lo que quiere. Pensaba el doctor mientras Bates continuaba lamentando su situación y buscando argumentos rebuscados y sin sentido.

-…pero eso fue al principio, ¿Le hablé de como es que la conocí?-. -Señor Bates, son las 11:30, hemos terminado por el día de hoy-. -Pero doctor, creo que estamos a punto de llegar a un hallazgo trascendental en todo esto-. -Ya lo creo señor Bates, ya lo creo. Pero debo ser cabal con mis pacientes y eso incluye respetar el tiempo de todos ellos. La señora Schulman debe estar afuera esperando-. -Tiene razón doctor, discúlpeme. Muchas gracias por su tiempo en verdad agradezco….-. -Si Bates, sé que lo agradece. Lo veo la próxima semana, Cuídese. Dijo el doctor mientras acompañaba, apurando, a Bates hacía la salida de su consultorio.

Crecer

Por: Paulina Granados Navarro

Es de noche, nos sumergimos en un ambiente taciturno. La luz general es amarillenta y  tenue pero hay una luz blanca que hace posible la distinción de la entrada de un edificio verde. La puerta es de cristal, sinceramente muestra que en su interior hay un pasillo que encara a una pared artística, pues en su totalidad exhibe bodegones, cada uno de ellos encarándose estáticamente ante el espejo.

Es tarde, hace frío. Enfrente del edificio se estaciona un taxi amarillo del cual desciende un hombre delgado con algunos indicios de canas, en su piel se marcan apenas algunos surcos formados por las arrugas de expresión. Tiene un aspecto impecable, un portafolio y una bata blanca en el antebrazo. Paga y se dirige hacia su casa cuando se percata de que una horrible mancha ensucia la pasividad de su porche. Mientras el Doctor Pausanias se acercaba, detectó un apeste que lo obligo a respirar lo menos posible aguantando la respiración.

Su curiosidad era grande, observó analíticamente hasta distinguir un bulto de cobertores apestosos; las mantas eran de un gris homogéneo con destellos de los colores originales. Distrajo su mirada al avanzar para sacar las llaves cuando tropezó con un pie igual de negro calzado de tacón que se asomaba entre tantas cobijas. Se escuchó un grito nauseabundo mientras se movían las telas, pues de entre ellas salió un indigente como si fuera un zombie que sale de su tumba. El médico se estremeció sin poder evitar preguntarle que si se encontraba bien en vez de gritar. El hombre que tenía un trapo morado amarrado en la cabeza, encogió su pierna sollozando, interrumpiéndose con tosidos. Pausanias ansiaba entrar a su casa pero cierto humanismo o lástima se apoderó de él, obligándolo a dar una consulta express.

El paciente vociferaba cual demonio, daba la impresión de regañarse a sí mismo. El profesionista se agachó de cuclillas después de haberse puesto la bata para examinar a Asclepio y pudo ver cómo sus lágrimas enjuagaban la suciedad de su cara.

Vamos a ver. Dijo el profesionista mientras se ponía un guante blanco que había sacado de su portafolio para poder tocar sin peligro de contagio la pierna del enfermo. Presionaba al azar el miembro enfermo preguntando: ¿Duele? Recibió como respuesta chillidos de perro hasta que al tocar la pantorrilla, donde se sentía aguado, el chillido se convirtió en aullido de lobo.

La curiosidad del experto fue un incentivo para iniciar la búsqueda de alguna herida entre las costras de suciedad en la pierna. El olor era insoportable porque ya de cerca la peste se abstraía a un fétido olor a orines, aún así el morbo de Pausanias era estridente. Al fin encontró una pequeña herida circular por la espinilla, estaba infectada ya que por dentro tenía indicios blancos y por fuera estaba rosadito. El cirujano sin pensarlo dos veces apretó con el pulgar y el índice la incisión para exprimir cual si fuera un grano. El herido gritó agudamente e inútilmente intentó detener al intruso, quién atento presenció una explosión de millones de gusanitos blancos que apresurados se amontonaban al salir del cráter cutáneo. El asco fue tanto que aventó la pierna y se levantó rápidamente recordando su lema. -El mejor médico es el que no permite que sus enfermos se pudran, sino que los entierra inmediatamente.-

Decidido comenzó a patear el cuerpo infectado hasta dejarlo inmóvil. Ruido y calma. La culpa se hizo presente de tal modo que optó por refugiarse en su casa, sin entender que aquel hombre no moriría porque es alma pura. Que el alma hiede al lugar donde estuvo previamente, el inframundo.       

El hombre y la sociedad implícita en las meditaciones metafísicas de Descartes, ¿Nacimiento o consolidación de una visión individualista?, Ensayo.

Quiero comenzar con un análisis sobre la cultura individualista extraída de los principios cristianos que regía en la época en que Descartes comienza a desarrollar sus reflexiones personales y explicar porqué no considero que haya surgido una revelación a raíz del pensamiento cartesiano, que si bien ensalzó y dio un impacto decisivo al pensamiento individualista e intelectual en general de la época, más bien Descartes ya era uno de esos hombres que habían nacido en una tierra que resultaba fértil para que en los hombres germinara el individualismo, como a la semilla y a la tierra, siendo el hombre esa semilla que no puede evitar florecer al caer en esa tierra fértil, fértil para un pensamiento individualista.

A diferencia del pensamiento grecorromano antiguo, el cristianismo desde sus inicios universalizó la posibilidad de alcanzar la gloria eterna, al menos en el cielo. Así mismo condena al hombre a la soledad de enfrentar por sí mismo la responsabilidad de afrontar su destino, alcanzar su propia salvación. Él por sí solo. Obviamente lo anterior no por medio de la introspección y la reflexión personal, como hace Descartes, sino por medio de la absoluta fe en Dios y la divina providencia.

Aunque el cristianismo pretendió convertirse en una institución rectora y proveedora de todo lo que necesita una sociedad, es una realidad que no tuvo los recursos, probablemente por los recursos tecnológicos de la época, para abarcar correctamente todas las áreas de la vida de los hombres, y el hombre se dio cuenta al paso de los siglos, que el único que podría salvar la vida y sustento propio y de sus familias, era por el mismo, por medio de preservar a toda costa el espacio vital, el alimento, y demás necesidades esenciales aún pasando por encima de otros seres humanos. Cuando una institución no tiene los recursos para poder controlar y proveer a todos los miembros de una comunidad o de un estado y además no les permite proveerse las condiciones necesarias para que las personas puedan por sí mismas allegarse los servicios que el mismo sistema de organización institucional no puede proveer, desaparece la posibilidad de una sociedad sustentable y se cierra la brecha para que la sociedad misma y los individuos puedan seguir desarrollándose.

Esto sucedió así en la época en que Descartes escribía sus meditaciones. Y por mucho tiempo atrás los hombres aprendieron a valerse por sí mismos en una forma salvaje y agresiva si llegase a ser necesario. Por lo tanto no sólo era una sociedad agresiva y egoísta sino que el yugo de una institución tan moralmente castrante como la iglesia católica, los individuos fueron cosechando dentro de sí mismos ese eterno conflicto en el poder impuesto y sus propios pensamientos, sin que necesariamente mucha gente hiciera algo por cambiarlo.

Dada la concepción católica del cuerpo, es claro que Descartes prefiera abundar en cuestiones metafísica, pero no tanto como el dice: “Porqué entender el alma es más fácil que entender el cuerpo” sino precisamente por esa falta de libertad sobre el cuerpo mismo. El hombre tenía esta eterna ambivalencia por las condiciones corpóreas de los seres humanos y no sabe bien ubicar hasta qué punto el cuerpo es parte esencial del individuo y hasta qué punto este ya no le permite continuar con el desarrollo del pensamiento abstracto. Así como el cuerpo, la sensibilidad en general se encuentra cercada por una delgada barrera que convierte prácticamente cualquier experiencia sensible en algo que podría derivar en una experiencia pecaminosa. En una época donde la máxima autoridad política y económica, pero además rectora de la moral y de las buenas costumbres, las personas estaban condenadas a sonreír y a asentir ante todas las proposiciones de la iglesia. Esto sin que por esa razón, las personas dejaran de hacer las cosas que consideran placenteras aún por encima, o por debajo de la vista de la autoridad moral, a escondidas, entre voces. Necesariamente lo anterior implica algo que podemos leer claramente en Descartes y eso es una doble moral sobre el comportamiento pero principalmente sobre la existencia de Dios.

Quiero abundar en el hecho que, en términos de Descartes, La existencia de Dios, y la meditación sobre la justificación de su existencia, no son más que apartados indispensables en términos editoriales para garantizar la publicación de su obra, más no un genuino deseo por esclarecer dicha cuestión.

Por eso puedo pensar en una sociedad y en un hombre en conflicto consigo mismo, atrapado en un yugo que no le permite expresarse libremente, y que aún en el pensamiento pueden ser copados y condenados por la misma iglesia.

Esta doble moral, con la que este filosofo tiene que convivir invariablemente, lo condena a reflejar dicha necesidad de expresión, de crítica y de duda, sin embargo tiene que tener el tacto y la inteligencia literaria para hacer que su texto contenga los elementos necesarios para que a simple vista no se note el mensaje subversivo y toda la serie de implicaciones que dichas meditaciones conllevarían.

Sirviendo lo anterior como introducción a la concepción de un periodo de tiempo y un tipo de pensamiento definido, a continuación describiré al hombre y la sociedad implícita en las meditaciones cartesianas:

Existen 3 rasgos fundamentales en la sociedad y el hombre de esta época y son:

1. Falta de certezas jurídicas y desconfianza generalizada en los otros individuos.
2. Una doble moral sobre lo que debería hacerse y lo que se hace en realidad.
3. Una necesidad de rompimiento con las instituciones establecidas.

Dudar proviene del hecho de no confiar en algo. Por lo tanto se cuestiona con la intención de desenmascarar algo que es distinto a como se muestra en la realidad. Una duda tan profunda como la cartesiana es una manifestación de la necesidad que sienten los hombres por entender y hacer suyos los conceptos que se nos inculcan como propios antes de poder siquiera entenderlos y mucho menos hacerlos propios de forma consciente.

Sin embargo también es cierto que además, hay una serie de incongruencias y vacíos que la institución católica con su doctrina no alcanza a cubrir. Todas las dudas naturales que pueden ir surgiendo en la gente, en muchos casos, las condena y persigue y a todo aquel que pretenda cuestionar de manera seria los preceptos eclesiásticos.

La escasez, la falta de servicios públicos integrales, la insalubridad, la falta de medicamentos, las pugnas raciales y las pugnas nacionalistas, y los años que llevan los seres humanos luchando unos contra otros, fortalecen las condiciones para que no exista un concepto tal como la justicia, y mucho menos un sistema de impartición de la misma. Si bien ya existe un esquema de policía y de seguridad, así como la intención de brindar una previsión social, la mayoría de las personas viven en condiciones selváticas en términos de certezas jurídicas.

Sin la intención de redundar, quiero aclarar en este punto, una vez más, que una sociedad a la cual el estado no puede proveerle lo mínimo indispensable para que conviven en paz, estará condenada a mirar a sus habitantes como enemigos, y a hacer todo lo posible por proveerse a sí mismos y a los suyos, insisto, aún por encima de las necesidades de los demás.

La prohibición generalmente estimula el deseo de poseer o realizar el objeto de dicha restricción. La incapacidad de controlar y gestionar todas las áreas de la vida de una sociedad y el deseo intempestivo del ser humano de hacer su voluntad orilla a que los individuos aún por encima de la ley, o de la moral actúen según sus convicciones más profundas o simplemente impulsados por sus deseos más viscerales. Sin embargo el precio de revelarse abiertamente y demostrar una oposición concreta en contra del régimen establecido, en la época de Descartes, era la muerte. Por lo que lenta y gradualmente la sociedad regida por el cristianismo se fue convirtiendo en una sociedad hipócrita, que sonreía en las iglesias y que apuñalaba en los callejones.

El distanciamiento de las leyes tanto estatales como morales de las necesidades de una sociedad, necesariamente obliga a una separación y la generación de un código independiente complementario en donde las personas tienen un mayor margen de acción, siendo que mientras que no se realice una actualización y un consenso entre lo establecido y lo conveniente y lo deseado por la mayoría, el estado no podrá evitar que las personas procedan como mejor les parezca.

El problema de “proceder como les parezca” es que difícilmente se puede tener un consenso, una regulación y una legislación con respecto a las actividades que involucran a más de un individuo, y en casos de controversias y disputas la única solución será seguir tomando el control y la justicia en las propias manos de los involucrados, cabe mencionar que dicha respuesta generalmente es violenta, descontrolada y parcial hacía el más fuerte.

Cuando los individuos dentro de una sociedad perciben a los otros como peligrosos, difícilmente se pueden construir bases significativas para consolidar un desarrollo comunitario. Es cuando la gente no puede confiar en la gente que tiene que cuidarse de ella. La actitud ante el otro entonces se vuelve hostil y competitiva. Se intercambia lo estrictamente necesario y se teme constantemente ante una injusticia o un abuso, siendo esto lo que aleja al individuo de los demás individuos en términos generales.

Por otro lado, la expresión proviene de la necesidad de compartir. Generalmente la expresión se vuelve necesaria cuando existe una acumulación de algo, una compresión, un desarrollo o un sentimiento. Una vez que este se lleva a cabo se comparte, ¿Porqué Descartes decide dudar? ¿Cuál es origen de la duda cartesiana? Propiamente sería imposible determinarlo pero después del análisis que hemos venido llevando a cabo, parece comenzar a dibujarse líneas importantes que van definiendo no sólo la intención de Descartes, sino también la euforia intelectual que existía y las pocas concepciones profundas a las que la gente en general podía acceder, fuera de la perspectiva oficial.

Es una manifestación de la necesidad por ir más allá de los conceptos establecidos y buscar una nueva manera de valorar y construir las cosas, la realidad y al mismo ser humano. Una visión más humana de la realidad e ir cambiando el peso de la responsabilidad de la existencia de las manos de Dios, a las manos del propio hombre, obviamente revelando lo anterior de manera sutil y aún comprobando la existencia de Dios.

Descartes viene a consolidar una idea que se fraguaba sin voz en la concepción de todas las personas hundidas en la soledad y en la ignorancia. La construcción mental que justifica la existencia del hombre por medio de la existencia de su propio pensamiento, libera al hombre de Dios, y de la sociedad misma, le permite tomar su destino en sus propias manos y luchar por las cosas que quiere y que cree. Como lo habían hecho por miles de años pero esta vez tratando de dejar el nombre de Dios a un lado.

No olvidemos que Descartes era un soldado de fortuna y se dedicaba a hacer dinero peleando las batallas de otros. El sentimiento individual y la valoración de los deseos personales por encima de los deseos de la comunidad explican de forma muy concreta como es que el hombre por medio de la individualidad exacerbada alcanza una supuesta realización que hasta entonces nadie se había atrevido a plantear.

A diferencia de mi concepción original sobre que, Descartes había instaurado un sistema de pensamiento hasta antes desconocido, más bien se ha convertido en la concepción de que fue la consolidación del pensamiento de toda una época, que vino a darle voz a esa necesidad humana de seguir justificando su egoísmo. Un enfoque en uno mismo definitivamente permite revalorar la vida y las acciones, pone en perspectiva el valor real de las cosas, del valor del otro y del valor de uno mismo. Sin embargo, no volver a integrarse con la sociedad, el otro y el entorno, nos imposibilita a mirar y nos incapacita a actuar moralmente en términos prácticos.

El ser humano ha venido escribiendo su historia, y las circunstancias históricas han venido escribiendo la historia del ser humano junto con él. Descartes, que era mercenario, poeta, filósofo y muchas cosas más, es el emblema de la duda filosófica, hace una crítica válida a todo lo establecido y obliga a la reflexión de todo cuanto lee sus meditaciones. Es un icono en una sociedad en vistas de transformación, un hombre que está comenzando a romper con lo establecido de manera sistemática y que no se conforma con lo que hasta ese momento se había conformado. Descartes trae una estructura de pensamiento revolucionaria e individualista esencial para que las personas hicieran consciencia sobre sí mismos y su poder. El pensamiento transformador permitió el fin de las certezas autoritarias y por fin dio paso a un sistema distinto, basado en el esfuerzo personal y la acumulación de riqueza, que tampoco vino a traer, en absoluto, mejores condiciones para la calidad de vida de las personas, su desarrollo personal o siquiera una mejora en la expectativa de vida, pero en definitiva era indispensable para alcanzar el desarrollo que hemos podido edificar con el paso de los años.

Bibliografía
René Descartes, Meditaciones Metafísicas (1641).

El encanto

Platicando con mis pensamientos sobre el encanto, y de las cosas que pueden encantar, me dí cuenta que nada depende en esencia de nada para ser encantador. Es mejor dicho, la suma de circunstancias al rededor de una determinada situación la que imprime un toque mágico de encanto en la realidad.

¿Porqué la desolación nos resulta tan interesante? Las sensaciones que se esconden detrás de las cosas tienen generalmente un retrogusto desconocido, tan maravilloso o tan tóxico según el efecto de donde provenga pero lo importante aquí más que exclamar un juicio positivo o negativo está en el absoluto desconocimiento de la sensación.

Por lo tanto todo lo que probamos, se queda en nosotros mucho más o mucho menos tiempo del que nosotros podemos controlar. Es entregarse a la incertidumbre por completo. ¿Cuán diferente podría ser tener consciencia de lo anterior o no tenerla? Dado que no se pueden controlar los efectos posteriores lo único que podría brindar la consciencia por sobre la inconsciencia de dicho acto, sería la capacidad de respuesta ante las múltiples consecuencias del acto, que aunque no sé sabe que será y cuanto tiempo estará dicha  situación/ sensación, tendrá previsto diversas estrategias para solventar en cualquier sentido dicha situación.

Sin embargo permanecer indiferente ante dichos efectos posteriores, permitirá una completa comunión con la emoción provocada, dado que no habrá consciencia alguna, se entenderá dicho proceso como mágico, épico o fatal y terrible. No habrá manera de controlar ni prever nada, esto exaltará la experiencia hasta su máxima expresión.

Entonces, ¿La consciencia nos libra del encanto? En realidad no. El hecho de estar listo para afrontar una situación; entendiendo la ambigüedad en el término «listo» como preparado para algo que se desconoce por tanto ¿Cuán preparado o «listo» puedes estar?; en ninguna medida disminuye el impacto en el presente que sólo la acción que acontece en el presente posee. El encanto por tanto es más bien una cuestión personal donde se conjugan condiciones tanto internas como externas, es una alineación de objetos reales e imaginarios en cierto sentido que parece tener un sentido especial, aunque es posible que sea sólo un espejismo, una idea, la sensación de sentirse realmente encantando.

Pensamientos y emociones.

Puedo hablar de cosas que conozco y que pienso. Puedo pensar que existen porque puedo pensarlas. La existencia de una idea no implica su materialización inmediata en la realidad. La posibilidad de que algo suceda es sólo eso, una posibilidad.

La carencia de consciencia sobre la independencia de las emociones, sentimientos y pensamientos, además de su interdependencia entre sí, generalmente conduce a conflictos interpersonales.

Finalmente sólo por medio de dicha consciencia, permitirá a los seres humanos concederse a sí mismo mejores relaciones humanas. Lo contrario básicamente dejaría al mundo tal y como está.