El breve amor



Por: Julio Cortazar

Con qué tersa dulzura me levanta del lecho en que soñaba profundas plantaciones perfumadas,
me pasea los dedos por la piel y me dibuja en le espacio,
en vilo, hasta que el beso se posa curvo
y recurrente para que a fuego lento empiece la danza cadenciosa de la hoguera tejiéndose en ráfagas, en hélices,
ir y venir de un huracán de humo-

(¿Por qué, después, lo que queda de mí es sólo un anegarse entre las cenizas sin un adiós, sin nada más que el gesto de liberar las manos?)

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