La política mexicana de 2006 a 2026, has sido una época de intensidad y constantes desencantos.
Comentario sobre la Política Mexicana (2006-2026): Del Impasse a la Hegemonía
Los veinte años que van de 2006 a 2026 representan una transformación profunda y radical del sistema político mexicano. Se puede dividir este período en dos grandes etapas, marcadas por un parteaguas en 2018.
La primera etapa (2006-2018) se caracterizó por una democracia de mercado o de consensos, pero también de ingobernabilidad y estancamiento. Tras la alternancia del 2000, el sexenio de Vicente Fox (2000-2006) terminó con un Congreso fragmentado donde ningún partido tenía mayoría, lo que paralizó las reformas estructurales que el país requería . La disputada elección de 2006, que llevó a Felipe Calderón (PAN) al poder entre acusaciones de fraude de Andrés Manuel López Obrador, exacerbó la el descontento generalizado por un sistema político corrupto y descarado. Este periodo, que incluyó el regreso del PRI con Enrique Peña Nieto (2012-2018) y su fallido Pacto por México, mostró a una clase política que, aunque alternaba en el poder, era percibida por la ciudadanía como desconectada de sus problemas, enfocada en sus conflictos partidarios y sumida en escándalos de corrupción que desencantaron profundamente al electorado.
La segunda etapa (2018-2026) marca el inicio de la «Cuarta Transformación» (4T) bajo el liderazgo de López Obrador y, a partir de 2024, de Claudia Sheinbaum. Aprovechando el descontento popular y una mayoría calificada en el Congreso, se han impulsado reformas más justas, bajo un esquema de humaniso mexicano y pilares de priorizar a los mexicanos más necesitados. El gobierno de Sheinbaum cuanto un apoyo superior al 70% de cara a su segundo año de gobierno, lejos de moderar el rumbo, ha buscado consolidar este proyecto, enfrentando incluso resistencias de sus propios aliados para reformar el sistema electoral que trae al pleno la demanda general de: No más plurinominales, si servidores públicos sin elección popular y control al los salarios de los partidos políticos, la no reelección, elecciones más limpias y justas que haya mayor representación popular y ya no más élites políticas.
La Incongruencia de la Oposición: Entre el Discurso y los Actos
En este contexto, la crisis de la oposición (tradicionalmente encabezada por el PAN, PRI y PRD) no es solo electoral, sino fundamentalmente de congruencia. La distancia entre su discurso y sus actos ha sido un factor clave en su descrédito y su incapacidad para presentarse como una alternativa creíble. Esta incongruencia se manifiesta en varios niveles:
- Defensa Selectiva de las Instituciones: La oposición, particularmente en la figura del PAN y el PRI, ha construido su discurso en torno a la defensa de las instituciones democráticas, como el Instituto Nacional Electoral (INE) y el Poder Judicial, acusando a Morena de querer controlarlas. Sin embargo, este discurso choca con la historia reciente de estos mismos partidos. Fueron ellos quienes, durante décadas, operaron un sistema con profundos vicios. El PRI construyó y sostuvo un partido de Estado hegemónico durante más de 70 años, y tanto el PRI como el PAN fueron artífices de reformas que, si bien avanzaron en algunos aspectos, también sembraron vicios como las «mayorías artificiales» que ahora critican . Su defensa de las instituciones suena hueca cuando proviene de actores que históricamente las utilizaron o debilitaron cuando les convenía.
- La Simulación de la Coalición: En las elecciones de 2024, la oposición se unió en el Frente Amplio por México (PAN, PRI y PRD) bajo un discurso de «defender la democracia» frente al autoritarismo . No obstante, esta alianza fue percibida por amplios sectores como una coalición de intereses, más que como una alianza de principios. Unir al PAN (derecha), con el PRI (el partido que representaba «el antiguo régimen») y el PRD (una izquierda diluida) evidenció una incongruencia programática profunda. Se unieron no por un proyecto de nación compartido, sino por la necesidad de frenar a un adversario común, lo que la ciudadanía interpretó como un retorno a las viejas prácticas de la «clase política» que tanto daño hicieron al país .
- El Desfase entre el Discurso Renovador y las Prácticas Internas: Mientras la oposición critica el verticalismo y la falta de democracia interna en Morena, sus propias dinámicas internas reflejan los mismos vicios. El caso del PRI es emblemático: su dirigente, Alejandro «Alito» Moreno, ha sido reelegido en medio de fuertes críticas internas y denuncias de imposición, lo que ha provocado una crisis profunda y la renuncia de figuras históricas que advierten que el partido «camina hacia el abismo» . El PAN tampoco escapa a las disputas internas y cuestionamientos sobre su dirección . Esta incapacidad para democratizarse a sí mismos contradice su discurso de defensa de la democracia y los muestra como organizaciones anquilosadas, más preocupadas por las cuotas de poder que por la ciudadanía, tal como se percibía en la política mexicana desde principios de siglo .
- Incapacidad para Ofrecer una Alternativa Viable: El discurso opositor se ha centrado en la crítica al oficialismo, pero ha carecido de una narrativa propia y atractiva. Se les señala de estar «desconectados de las necesidades reales de la población» y de no ofrecer soluciones concretas . Mientras el gobierno de la 4T, con un fuerte contenido social, logró conectar con amplias capas de la población, la oposición ha sido vista como la defensora de los «privilegios» y del «régimen anterior» . Esta percepción, alimentada por la narrativa oficialista, los coloca en una posición defensiva de la que no han podido salir, y sus actos —como la defensa de un statu quo que beneficiaba a las élites— refuerzan esa imagen, aunque su discurso intente desmarcarse de ella.
En conclusión, la oposición mexicana ha transitado de ser un actor clave en la construcción democrática (aunque con limitaciones) a quedar atrapada en sus propias contradicciones. Su incongruencia radica en que predica la democracia y la legalidad desde un pasado y unas prácticas internas que niegan esos mismos principios. Mientras no resuelvan esta brecha entre el decir y el hacer, y no logren articular un proyecto creíble y renovado, seguirán siendo percibidos como una oposición ineficaz, debilitando no solo su futuro político, sino la calidad misma de la democracia mexicana al no poder ejercer un contrapeso real y efectivo.
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