Contra la fantasia

(By: Santiago Alba Rico)

El mundo tiene límites; la fantasía no. Genios voladores, transformaciones mágicas, mesas que se llenan solas de comida, duendes que atraviesan las paredes, hadas que hacen desaparecer gigantes (o profetas que separan las aguas del mar con un bastón): los mitos y los cuentos apartan, con un sésamo o un abracadabra, los obstáculos que la geología y la historia colocan en el camino de los humanos. Perrault, los hermanos Grimm, Andersen, Hoffmann, eran grandes fantasiosos que se sacudían las estrecheces del mundo sublunar con ensoñaciones al galope. Pero hay que tener cuidado, porque también Jerjes, que mandó azotar el mar, era un fantasioso, y también lo era Tze Huan-Ti, primer emperador de China, que castigó a una montaña por cortarle el paso; y lo eran Hernán Cortés y Napoléon y Cecil Rhodes. También lo fue Hitler: “un Estado que en la época del envenenamiento de las razas se dedica a cultivar a sus mejores elementos raciales, tiene un día que hacerse señor del mundo”. Y un gran fantasioso es también, claro, el presidente de la multinacional Monsanto: “el glisofato es 100% biodegradable e inocuo para la salud”. Y lo es asimismo -grande, inmensa fantasía- Dominique Strauss-Kahn, el máximo dirigente del FMI: “es posible conciliar la protección social con el crecimiento económico”.

Olvidamos a menudo, en efecto, que vivimos en un mundo dominado, y no liberado, por la fantasía. Hace 70 años, el delirio de la pureza racial y la superioridad aria desbarató Europa y mató a 60 millones de obstáculos en todo el planeta. ¿Y qué pasa hoy con el capitalismo? ¿Derretir los glaciares, descorchar las montañas, perforar los fondos marinos cada vez más deprisa e ilimitadamente? ¿Liberar los vicios individuales para que produzcan bienestar general? ¿Confiar en una solución tecnológica que repare retrospectivamente todos los daños que los “medios de destrucción” ocasionan en su búsqueda de “crecimiento”? ¿Tener siempre un carro nuevo, una casa nueva, un cuerpo nuevo? ¿Estar a favor al mismo tiempo de la igualdad y la desigualdad, de los pobres y de los ricos, del derecho y de la tortura, de la democracia y de la dictadura? Cuando la fantasía, que ignora los límites, pedalea en el aire, sin medios para materializarse, recurre a la magia, como en los cuentos, y hace reír de gozo liberador. Cuando la fantasía, que ignora los límites, dispone de dinero, armas, policía -y aplica cálculos matemáticos y procedimientos racionales de organización y penetra en la tierra como los dientes de una excavadora- el mundo mismo, con sus árboles, sus montes y sus niños, cruje de dolor. Con medios grandes, como los que poseía Hitler, un sueño abstracto puede suprimir millones de criaturas concretas antes de chocar contra la pared; con medios enormes, como los que posee el capitalismo, la pared última, condición de toda existencia y también de toda ensoñación, está a punto de venirse abajo. A esta intervención material de la fantasía, a través del poder o la riqueza, los antiguos griegos la llamaban hybris , el exceso sacrílego, la insubordinación blasfema contra los límites humanos, y era castigada por los dioses con una catástrofe -una “revolución”- que devolvía el mundo a su equilibrio original. Los tiranos, los ricos, los fantasiosos ejecutivos acababan en el Hades haciendo rodar piedras o girando en ruedas de fuego.
El problema de la fantasía capitalista es que apenas si genera una fantasía contraria de justicia automática. Nos gusta, nos parece seria, nos resulta apetecible. Se nos antoja real. Es normal: el capitalismo, que gasta 1 billón de dólares en armas, gasta la mitad de esa cifra en publicidad -con sus carros circulando libremente por carreteras desérticas, sus imperativos terroristas de inmediatez pura y sus accesos mágicos a la salud, la belleza, el prestigio, la felicidad.

Lo contrario de la fantasía, que no reconoce límites, es la imaginación, encadenada a los guisantes y los pañuelos, una facultad muy antigua, muy modesta, muy doméstica, que ha sobrevivido en las circunstancias más adversas (¡incluso bajo el nazismo!) y que, como la memoria, está a punto de sucumbir a la fantasía mercantil. Mientras la fantasía vuela, la imaginación va a pie; mientras la fantasía pasa por encima de todas las criaturas, la imaginación tiene que enhebrarlas una por una para llegar más lejos. En sus trabajosos recorridos horizontales, de un guisante a un guijarro a un pañuelo a un juguete a un niño, empieza desde muy cerca y, por así decirlo, interesadamente: “ese niño podría ser mi hijo”. Luego, de cuerpo en cuerpo, vasta red ferroviaria, ya no puede detenerse y sigue rodando a ras de tierra hasta abarcar potencialmente el conjunto de los seres, que son incontables pero no infinitos .

¿Para qué sirve la imaginación? Básicamente para ponerse en el lugar exacto del otro y para ponerse en el lugar probable de uno mismo. Mediante la pedestre imaginación sentimos como propio el dolor o la felicidad de los demás: eso que llamamos compasión y amor. Bajo el nazismo, nos cuenta Tzvetan Todorov, hubo hombres y mujeres que, no pudiendo soportar el sufrimiento de los judíos, se subían de un salto a los vagones de la muerte (porque saltar al fuego puede ser también un acto reflejo) para compartir con ellos su destino. Pero la imaginación sirve también, al revés, para meter al otro en nuestro propio pellejo. En Madrid, en el año 2010, muchas personas duermen en la calle cubiertas por cartones y a medida que se agrave la crisis su número aumentará. Cuando pasamos al lado de una de ellas jamás se nos ocurre pensar que eso podría ocurrirnos también a nosotros sino que nos dejamos llevar por la fantasía absurda de que nuestros méritos o nuestros dioses excluyen por completo esa posibilidad. Para representarnos el dolor ajeno hace falta imaginación; para representarnos nuestro dolor, nuestra vejez, nuestra muerte futura hace falta también imaginación. Sin imaginación, como se ve, todo es fantasía; y la fantasía asegura los beneficios de Monsanto, la BP y el Banco de Santander, así como nuestra mansedumbre frente a su hybris destructiva.

Las leyes de la oferta y la demanda son injustas: diez hombres piden pan y el mercado da diez chocolatinas a uno solo. Pero es sobre todo una gran fantasía. Porque el mercado sueña irresponsablemente con una oferta infinita y porque -como decía Georgescu-Roegen, pionero en bio-economía- no tiene en cuenta la demanda de las generaciones futuras.

En un textito de 1908, el gran escritor hispano-paraguayo Rafael Barrett parafraseaba la famosa declaración de Montesquieu. Amar a los desconocidos, dar la vida por lo completamente ajeno, es lo más sublime a lo que uno puede aspirar. Está bien amar a la propia familia, pero es mejor el que se sacrifica por la patria, más grande y menos nuestra. Pero es mejor el que se sacrifica por la humanidad, más grande aún y más desconocida. Pero hay algo todavía mejor. Si hubiera -añade Barrett- “otra alma más alta y más profunda que en su seno abrazase el alma de la humanidad misma, el acto supremo sería sacrificar lo que de humano hay en nosotros a la realidad mejor”. Lo cierto es que esa realidad existe y no es Dios: es -concluye el escritor- “la humanidad futura”, cuyas demandas, en efecto, no caben en el mercado.
Esa humanidad futura, en todo caso, no nos es completamente desconocida. A través de nuestros hijos y nuestros nietos podemos ya imaginarla y seguirla generación tras generación, de peldaño en peldaño, con nuestro propio cuerpo, hasta por lo menos (es lo más lejos que yo he llegado) el año 14.825.

Lo raro -qué raro- es que a la fantasía destructiva del mercado la llamen realismo y a la preocupación por nuestros amigos y sus hijos la llamen utopía .

Sueños con aromas y sensaciones reales

No es fácil ver el presente y el pasado juntos en un mismo lugar caminando juntos. Y menos cuando no entiendo el presente y extraño tanto el pasado.

Porque en sueños, que además me atropellan y me llevan practicamente a un coma inducido cuando aún hay luz del día afuera, y me encamina a un torbellino de lugares, aromas, personas y sentimientos, en donde los personajes del pasado, el presente y otros desconocidos conviven como si llevaran una vida de conocerse.

Entre ellos están mis parientes muertos, los lejanos, amigos nuevos, sueños eternos, recuerdos idealizados. Pero todo se exacerva de una manera perfecta, tu cara, tus labios y tu vida, por otro lado también se exacerva la distancia, los deseos, ese eterno desprecio y la burla abierta de la vida y hacia mi, y mi ego.

Cuantos lugares que se vuelven reales, que se vuelven conocidos de otros sueños, pero se vuelven familiares, que puedo dibujarlos en mi cabeza, como esa casa de dos pisos con terraza, puerta de aluminio rayado y concava, el leon de marmol en el medio de la escalera justo frente al baño, y todos los personajes que ahi habitan.

Esas calles que simulan ser la Condesa pero que también pueden ser Polanco y la Roma, tu auto nuevo en color negro, porque así lo grabó mi mente en su recuerdo, aún cuando no sea así en la realidad, porque parece que no hay cielo, sino simplemente todo es una puesta en escena.

Ahi corretean mis primas, las hijas de Javier, pero no con la edad que tienen, si no con la que se ha quedado presente en mi memoria, con sus vocecillas agudas de niñas traviesas, el jardín de la casa de mi tía Rocio, y los invitados, todos juntos en mi honor.

Lugares distantes similares a Las Vegas, y a McAllen, en donde corría en ese otro sueño, asustado en busca de respuestas, ahora sólo ibamos todos por algo de desayunar a las 7:00 pm. Y en ese corto trayecto, juntos todos mis deseos: los de volver al pasado, los de tener un futuro, los de soñar un mejor presente, el ser reconocido como alguien que existe. (y me da verguenza contar esto, porque siento que las personas que estaban ahi se sentiran traicionadas, como si estuviera contando nuestros secretos, como si todo hubiese sucedido verdaderamente).

Después todos reunidos en el agua, en ese canal estrecho y tibio. Entonces nos despedimos por vigesima vez, esperando que vuelva pronto la vigesimo primera, y entonces tu abrazo y tu beso, con tus brazos y labios mojados saben tan igual a la vez que nos besamos en la alberca, tantas veces nos besamos en la alberca que recuerdo tus pequeños labios mojados y frios con sabor a agua y a ti.

Tal vividez me asusta, me excita y me preocupa, me mata y me vuelve loco, porque todo es un sueño. ¿O no?

Después una llamada en tu celular, tu acttud arrogante y al final te alejas para terminar la llamada, ahora me hablan mis miedos, me cuentan las cosas que me aterrorizan, y los clásicos dolores de cabeza que eternamente me han atormentado, como en aquel restaurante que te paraste y te fuiste a concretar una cita con alguien más.

Ahora todos mis miedos, deseos y personajes se vuelven difusos, veo serpientes con alas, las caras mezcladas forman exoticas bellezas, me estoy volviendo agua en una extraña espiral hacia la locura, y entonces despierto.

Mis ojos, mi cuerpo mi ser no puede creer que es verdad, que por un sueño estoy alterado. 13 horas después de un extraño letargo mi mente ha recorrido todos los mundos, y así por fin yo, un fanático del racionalismo, he llegado al punto de sentir miedo de sentir y de pensar.

Como una presa agazapada en un rincón oculta de su predador, así me niego a mi mismo el seguir pensando en todo esto, tengo miedo de volver a sentir mis sueños con tal realidad, que pueda morir en ellos, quiero dejar de pensar por un tiempo, golpearme la cabeza tan fuerte que quede inconsciente, aunque ahora me aterra la idea que en la inconsciencia encuentre otra vez esos recuerdos (o momentos) que huelen y saben.

Eddie

Jesus Camp

No hay mucho que decir, es impresionante como el aprendizaje por medio de la imposición, la manipulación y la intolerancia se vuelve lo más peligroso para los seres humanos. La no razón provoca efectos destructivos en los ya frágiles tejidos sociales de este mundo.

Esto de plano si es un abuso, una crueldad, una concepción individual masificada ¿Con qué fines? Eso no lo entiendo aún.

http://www.youtube.com/watch?v=6RNfL6IVWCE

Mi opinión sobre el machismo socialmente aceptado

Esta discusión difícilmente la puedo sostener con alguien, puesto que todos tenemos (por lo menos en la cultura mexicana, y latinoamericana) un cierto grado de machismo en nuestra educación, en nuestra familia y en nuestra formación social. Esto no quiere decir que vayamos por ahí, sistemáticamente haciendo menos a la mujer de manera consciente y malintencionada, pero casi todos tenemos vestigios de machismo dentro de nosotros.

Mi opinión es, que el primer paso para erradicarlo, es aceptar que así somos, hombres y mujeres en mayor o en menor medida tenemos actitudes machistas y lo quiero exponer con algunos ejemplos cotidianos:

«Esa vieja es una puta» – Viniendo de un hombre o de una mujer, esta expresión es muy común, y completamente machista. «puta» se llama a la mujer que se acuesta con muchos hombres, o se besa con muchos hombres, o gusta de coquetearles, o de vestirse de manera provocativa. Generalmente se hace de manera despectiva y dado su contexto social, difícilmente una mujer se sentiría halagada si es llamada de esa manera.

Pero en mi opinión, no tiene nada de malo gozar de la sexualidad de la manera que cada persona decida, además no existe ninguna connotación similar para el hombre que lleva la misma conducta, de hecho «puto» sirve para llamar a los hombres miedosos, o que les gustan otros hombres.

No encuentro ninguna razón inteligente o argumentable, porque una mujer deba ser recatada, y no deba de gozar de su cuerpo y de su sexualidad. ¿Porqué vale más o menos si tiene relaciones sexuales o no las tiene?, eso no tiene ningún sentido.

Porque desgraciadamente la gente piensa que es una cuestión de valores, y juzgan el hecho de disfrutar de su sexualidad a plenitud sin compromiso alguno y lo consideran una irresponsabilidad. Sin ningún fundamento real.

Obviamente si es una persona infiel a un acuerdo de pareja, irrespetuosa con las parejas de otras personas, y otro tipo de faltas de respeto e irresponsabilidades, entonces es perfectamente correcto señalarla, pero no sólo en el caso de que sea una mujer, un hombre debería de ser igual de tachado por semejante conducta.

Finalmente mientras viva su vida con responsabilidad y respeto a la convivencia, puede hacer lo que desee, pensar que hay mujeres putas, es un atraso mental de nuestros tiempos que no nos permite crecer y madurar como sociedad.

«el hombre paga» – Aunque creo que es perfectamente normal, que cuando una persona quiere agradar a otra, busca la forma de hacerlo por medio de diversos detalles, esto de alguna manera pueden ser las invitaciones y los regalos, pero de eso, a entender que el hombre debe ser quien provea y la mujer deba recibir del hombre todo, me parece una expresión prehistórica de machismo.

Definitivamente para muchas mujeres esta práctica es ideal, puesto que es mucho más cómodo recibir todo, y es más existe un gran grupo de mujeres que jamás saldrían con un hombre que no está dispuesto a asumir los gastos de la relación de pareja.

Esto es tan machista como aceptar ser compradas, y más si ellas son personas preparadas, con una educación y con posibilidades económicas. Me parece retrograda y mediocre pensar que es una cuestión de valores o de costumbres.

«Los programas de televisión» – Obviamente abarca más rubros pero es un claro ejemplo del absoluto machismo institucional que vivimos día a día y no veo ninguna mujer preocupada por el tema. Todos los programas de televisión pueden tener o no, hombres bien parecidos, pero invariablemente todos, tienen mujeres espectaculares de entre 25 y 30 años que usan diminutos vestidos y siempre lucen como muñecas, y si función sólo es «ser vistas» sus opiniones son relegadas y generalmente no aportan algo trascendental al contenido, y no porque no puedan o no sepan, simplemente porque no es su papel.

En los programas de deportes es lo mismo, y así en general en todo lo que nos rodea de manera visual, el hombre siempre podrá ser «gordito y simpático», pero la mujer siempre debe ser hermosa, joven y sensual.

En lo personal me molesta, veo todos los días mujeres que sufren en silencio por tener que encajar con patrones enfermos, anticuados y misóginos. Entiendo que es una cuestión de arraigo cultural profundo y que eventualmente mucha gente acaba aceptando mis palabras y su contrapunto favorito es «en esta sociedad en la que vivimos así son las cosas» lo que no acaban de entender es que esa sociedad la hacemos nosotros y que el cambio en una sociedad, proviene de quienes vivimos en ella, aceptar en silencio algo que creemos que esta mal, es solaparlo y nos hace parte del problema.

«La violencia» –  Ya sea verbal, o psicológica la mujer es atacada constantemente y principalmente por sus parejas, la mujer ha sido educada para soportar todo y eso no es justo. Una mujer no debe soportar una infidelidad, no debe tolerar los insultos, ni mucho menos los golpes, la manera como se llevan a cabo los procesos civiles cuando existe violencia intrafamiliar son vergonzosos, la mujeres son humilladas vejadas y en muchos de los casos culpadas por los propios actos contra ellas.

No es un dato desconocido que en el Estado de México mueren más mujeres que en Cd. Juarez, o en Sinaloa hombres y mujeres por la guerra contra el narcotráfico. ¿Y cuál es la causa? Violencia intrafamiliar, violaciones dentro del matrimonio y del noviazgo.

Y no son frases hechas, que me gusta repetir, por favor consulten documentos que la CNDH y de Amnistia Internacional, Es increíble que estos temas sociales nacionales, sean más imporantes para organizaciones no gubernamentales internacionales que para los propios mexicanos.

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Ser macho es más que usar un sombrero, tomar tequila y tener muchas mujeres. Es más que la pintoresca imagen de Pedro Infante cuando salía de charro y más que las canciones de Reaggeton. El machismo es una institución que sirve como medio de control social, que garantiza una frustración en quien es marginada y una falsa idea de superioridad a quien la ejerce, aunque la mayoría de la gente convive con estos elementos machistas en condiciones aparentemente inofensivas, verlo como algo cultural por ser parte de lo cotidiano, y prácticamente aceptarlo como dado, es lo peligroso.

Las mujeres son las primeras que deben alzar la voz y exigir el respeto a su situación y transformar la educación que les dan a sus hijos. El riesgo es que mientras se entendía como algo, «que así es» todas las injusticias que emerjan del machismo serán legitimadas.

Porque para muchas mujeres es más fácil que se les acepte por su belleza, y les paguen todo, y es más sencillo no pedir explicaciones cuando no nos la exigen, pero señalar a la mujer por se distinta, por ser independiente en el mediano y largo plazo es algo que como sociedad nos pesa. Ya nos está pesando.

Sólo pido consciencia, ¿Qué tiene de malo que haya persona diferentes? No todos tienen que ser como nos dijeron que eran todos. Existen personas con sus propias convicciones y debemos dejar de prejuzgar lo que no conocemos. Escuchar y ponerse en la posición del otro, nos permite aprender a convivir.

Eddie

Lara Logan, You Suck

(by: Rolling Stone Magazine)

Lara Logan, come on down! You’re the next guest on Hysterical Backstabbing Jealous Hackfest 2010!

I thought I’d seen everything when I read David Brooks saying out loud in a New York Times column that reporters should sit on damaging comments to save their sources from their own idiocy. But now we get CBS News Chief Foreign Correspondent Lara Logan slamming our own Michael Hastings on CNN’s «Reliable Sources» program, agreeing that the Rolling Stone reporter violated an «unspoken agreement» that journalists are not supposed to «embarrass [the troops] by reporting insults and banter.»
Anyone who wants to know why network television news hasn’t mattered since the seventies just needs to check out this appearance by Logan. Here’s CBS’s chief foreign correspondent saying out loud on TV that when the man running a war that’s killing thousands of young men and women every year steps on his own dick in front of a journalist, that journalist is supposed to eat the story so as not to embarrass the flag. And the part that really gets me is Logan bitching about how Hastings was dishonest to use human warmth and charm to build up enough of a rapport with his sources that they felt comfortable running their mouths off in front of him. According to Logan, that’s sneaky — and journalists aren’t supposed to be sneaky:

«What I find is the most telling thing about what Michael Hastings said in your interview is that he talked about his manner as pretending to build an illusion of trust and, you know, he’s laid out there what his game is… That is exactly the kind of damaging type of attitude that makes it difficult for reporters who are genuine about what they do, who don’t — I don’t go around in my personal life pretending to be one thing and then being something else. I mean, I find it egregious that anyone would do that in their professional life.»
When I first heard her say that, I thought to myself, «That has to be a joke. It’s sarcasm, right?» But then I went back and replayed the clip – no sarcasm! She meant it! If I’m hearing Logan correctly, what Hastings is supposed to have done in that situation is interrupt these drunken assholes and say, «Excuse me, fellas, I know we’re all having fun and all, but you’re saying things that may not be in your best interest! As a reporter, it is my duty to inform you that you may end up looking like insubordinate douche bags in front of two million Rolling Stone readers if you don’t shut your mouths this very instant!» I mean, where did Logan go to journalism school – the Burson-Marsteller agency?
But Logan goes even further that that. See, according to Logan, not only are reporters not supposed to disclose their agendas to sources at all times, but in the case of covering the military, one isn’t even supposed to have an agenda that might upset the brass! Why? Because there is an «element of trust» that you’re supposed to have when you hang around the likes of a McChrystal. You cover a war commander, he’s got to be able to trust that you’re not going to embarrass him. Otherwise, how can he possibly feel confident that the right message will get out?
True, the Pentagon does have perhaps the single largest public relations apparatus on earth – spending $4.7 billion on P.R. in 2009 alone and employing 27,000 people, a staff nearly as large as the 30,000-person State Department – but is that really enough to ensure positive coverage in a society with armed with a constitutionally-guaranteed free press?
And true, most of the major TV outlets are completely in the bag for the Pentagon, with two of them (NBC/GE and Logan’s own CBS, until recently owned by Westinghouse, one of the world’s largest nuclear weapons manufacturers) having operated for years as leaders in both the broadcast media and weapons-making businesses.
But is that enough to guarantee a level playing field? Can a general really feel safe that Americans will get the right message when the only tools he has at his disposal are a $5 billion P.R. budget and the near-total acquiescence of all the major media companies, some of whom happen to be the Pentagon’s biggest contractors?
Does the fact that the country is basically barred from seeing dead bodies on TV, or the fact that an embedded reporter in a war zone literally cannot take a shit without a military attaché at his side (I’m not joking: while embedded at Camp Liberty in Iraq, I had to be escorted from my bunk to the latrine) really provide the working general with the security and peace of mind he needs to do his job effectively?
Apparently not, according to Lara Logan. Apparently in addition to all of this, reporters must also help out these poor public relations underdogs in the Pentagon by adhering to an «unspoken agreement» not to embarrass the brass, should they tilt back a few and jam their feet into their own mouths in front of a reporter holding a microphone in front of their faces.
Then there’s the part that made me really furious: Logan hinting that Hastings lied about the damaging material being on the record:
«Michael Hastings, if you believe him, says that there were no ground rules laid out. And, I mean, that just doesn’t really make a lot of sense to me… I mean, I know these people. They never let their guard down like that. To me, something doesn’t add up here. I just — I don’t believe it.»
I think the real meaning of that above quote is made clear in conjunction with this one: «There are very good beat reporters who have been covering these wars for years, year after year. Michael Hastings appeared in Baghdad fairly late on the scene, and he was there for a significant period of time. He has his credentials, but he’s not the only one. There are a lot of very good reporters out there. And to be fair to the military, if they believe that a piece is balanced, they will let you back.»
Let me just say one thing quickly: I don’t know Michael Hastings. I’ve never met him and he’s not a friend of mine. If he cut me off in a line in an airport, I’d probably claw his eyes out like I would with anyone else. And if you think I’m being loyal to him because he works for Rolling Stone, well – let’s just say my co-workers at the Stone would laugh pretty hard at that idea.
But when I read this diatribe from Logan, I felt like I’d known Hastings my whole life. Because brother, I have been there, when some would-be «reputable» journalist who’s just been severely ass-whipped by a relative no-name freelancer on an enormous story fights back by going on television and, without any evidence at all, accusing the guy who beat him of cheating. That’s happened to me so often, I’ve come to expect it. If there’s a lower form of life on the planet earth than a «reputable» journalist protecting his territory, I haven’t seen it.
As to this whole «unspoken agreement» business: the reason Lara Logan thinks this is because she’s like pretty much every other «reputable» journalist in this country, in that she suffers from a profound confusion about who she’s supposed to be working for. I know this from my years covering presidential campaigns, where the same dynamic applies. Hey, assholes: you do not work for the people you’re covering! Jesus, is this concept that fucking hard? On the campaign trail, I watch reporters nod solemnly as they hear about the hundreds of millions of dollars candidates X and Y and Z collect from the likes of Citigroup and Raytheon and Archer Daniels Midland, and it blows my mind that they never seem to connect the dots and grasp where all that money is going. The answer, you idiots, is that it’s buying advertising! People like George Bush, John McCain, Barack Obama, and General McChrystal for that matter, they can afford to buy their own P.R. — and they do, in ways both honest and dishonest, visible and invisible.
They don’t need your help, and you’re giving it to them anyway, because you just want to be part of the club so so badly. Disgustingly, that’s really what it comes down to. Most of these reporters just want to be inside the ropeline so badly, they want to be able to say they had that beer with Hillary Clinton in a bowling alley in Scranton or whatever, that it colors their whole worldview. God forbid some important person think you’re not playing for the right team!

Meanwhile, the people who don’t have the resources to find out the truth and get it out in front of the public’s eyes, your readers/viewers, you’re supposed to be working for them — and they’re not getting your help. What the hell are we doing in Afghanistan? Is it worth all the bloodshed and the hatred? Who are the people running this thing, what is their agenda, and is that agenda the same thing we voted for? By the severely unlikely virtue of a drunken accident we get a tiny glimpse of an answer to some of these vital questions, but instead of cheering this as a great break for our profession, a waytago moment, one so-called reputable journalist after another lines up to protest the leak and attack the reporter for doing his job. God, do you all suck!

serafines 2.0

Que ojos tan profundos y claros,
como una armada, armada hasta los dientes,
cubiertos de encantos, medusas y perfumes,
con la maldad de un niño, que pisa un bicho sin saber.

Suenan las agujas golpenado cadenciosas con el suelo,
asemejan una lluvia de estrellas deslumbrantes,
si te miran, te vuelves de cristal.

Como una leyenda, una plaga, un deseo,
desconocen por completo el miedo,
no sienten cansancio, ni frío, ni calor.

Envueltos en sedas suaves de tonos complejos,
son de sól, son de sombra, son de mar,
van y vienen y volverán.

Están en todas partes y no los puedes tocar.

Los ves, los ves, mas no lo sientes,
Son tan lejanos que no pueden ser humanos,
pero en el fondo lo són.

Y al final existen, para darnos regocijo,
a los que si estamos vivos.