¿Cómo hacer pizza?


Ingredientes:

Harina 000 / Sin refinar y sin preparar
Sal
Levadura fresca
Mantequilla
Agua
Aceite para untar
Salsa de tomate 1 k
20 g
25 g
40 g
600 cc
c/n
250 cc

Pasos

1. Coloca en un bol la harina junto con la sal. Mezcla, haz un hoyo en el centro y esparce la levadura fresca.

2. Vierte la mantequilla y el agua. Integra los ingredientes desde el centro hacia los costados.

3. Amasa hasta obtener un bollo tierno y elástico. Deja leudar en un lugar cálido.

4. Desgasifica el bollo y divídelo en 4 partes.

5. Estira los bollos y colócalos en los moldes untados con aceite. Presiona en el centro con los nudillos para formar el borde. Cúbrelos con papel adherente y deja leudar en un lugar templado.

6. Esparce salsa de tomate sobre la superficie de la masa y hornea 220° C durante 8 minutos.

Importante

Cubre la superficie con queso y los complementos elegidos. Lleva al horno para calentar y derretir el queso.

Para que la masa sea más crocante, estírala, colócale salsa de tomate y llévala al horno sin dejar leudar.

Voto o no voto…

Por: Massimo Modonesi

Tres argumentos de fondo se contraponen a los llamados o las posturas orientadas a la abstención y el voto nulo en las próximas elecciones legislativas del 5 de julio.

En primer lugar, se evidencia la distinción entre una y otro, en abstención activa y pasiva. Efectivamente la simple abstención confunde la indignación política con la apatía y despolitización, mientras que el voto nulo expresa una conciencia cívica, una voluntad de participación.

En segundo lugar, se argumenta que la campaña por el voto nulo está siendo, en esta ocasión, promovida también por sectores de la sociedad civil de corte liberal- conservador, bajo el manto de un discurso ciudadano, posiblemente ocultando un rechazo no sólo a los partidos sino a la política de masas, en particular al lopezobradorismo. Por lo tanto, las posturas de izquierda –moderada o radical- que opten por este camino se confundirán y serán aprovechadas por estos sectores, bien posicionados a nivel mediático y cercanos a intereses fácticos y políticos conservadores o reaccionarios.

En tercer lugar, se sostiene que hay que impedir o limitar la avanzada electoral de las derechas mexicanas –PRI y PAN- y defender el lugar de los partidos progresistas tanto en la oposición como, en particular, en el gobierno, desde donde impulsaron políticas sociales redistributivas o libertarias (el derecho al aborto en el DF).

El primer punto es teóricamente indiscutible pero concretamente ineficaz. El potencial despliegue de una campaña de masificación del voto nulo es muy limitado en el México de hoy, tanto por los acotados niveles de movilización (y considerando además que la dirigencia del movimiento popular más numeroso está llamando a votar) como porque la ausencia de politización en torno a una campaña electoral francamente de bajo perfil. Por otra parte, en este contexto, la suma entre abstención y voto nulo, sin caer en la ilusión de un volcán subterráneo de indignación e insubordinación, puede visibilizar la ilegitimidad del sistema político, incapaz de representar y de motivar la participación de la gran mayoría de los mexicanos. Sobre la evidencia de la ilegitimidad y el vaciamiento democrático de las instituciones, se puede montar un movimiento y un proceso de refundación, una irrupción destituyente que abra a escenarios constituyentes.

El segundo argumento presenta un dato cierto pero resulta paralizante. Siempre en la historia se producen convergencias espurias posturas antisistémicas de distinto color y orientación. En el terreno socio-económico el anticapitalismo socialista encontró fracciones de anticapitalismo religioso o fascista. En el terreno político, la crítica a los sistemas políticos liberaldemocráticos se topa constantemente con oposiciones reaccionarias, ultraliberales, reaccionarias o fascistas. Al mismo tiempo, en muchas ocasiones esta oposición abigarrada contribuyó a la crisis de las instituciones al servicio de las clases dominantes, abriendo oportunidades de transformación que, si bien no siempre tuvieron un desenlace progresista, pudieron ser aprovechadas por movimientos revolucionarios. De hecho, en el origen de toda revolución triunfante, encontramos extrañas y atípicas convergencias que, sin convertirse en monstruosas alianzas, contribuyeron a desatar crisis políticas. Aún cuando, el México de hoy parece lejos de éste tipo de escenario, la ruptura política representada por la abstención y el voto nulo no puede ser desacreditada sólo porque no todos los que la promueven o la practicarán están del mismo lado y tienen la misma visión del mudno. En el fondo, este argumento se encierra en la misma lógica del no voto: es un razonamiento que sostiene el no “no voto”, una doble negación en oposición a unos sectores disidentes del bloque dominante.

El tercer argumento es válido pero cortoplacista. Si bien es cierto que hay que distinguir, aún sin perder de vista las similitudes, entre las propuestas, los perfiles y las actuaciones de los partidos políticos, al mismo tiempo no se justifica el chantaje catastrofista. El alcance de la renovación de los órganos legislativos, en el contexto del presidencialismo mexicano, no permite pensar que se operen grandes cambios en las políticas públicas ni en un sentido ni en otro como tampoco se justifica una actitud defensivista cuando las políticas progresistas en México son granos de arena en el desierto, cualitativamente importantes pero cuantitativamente muy escasas. Además, en el lapso de año y medio, desde inicio de 2011, se impondrá la competencia en vista de las elecciones de 2012, no se sostendrán alianzas de fondo en PRI y PAN, ni los partidos tendrán la legitimidad ni el valor de proponer reformas significativas.

En conclusión, los argumentos esgrimidos en contra de la anulación del voto y la abstención son válidos pero no contundentes. Paradójicamente el debate que se abrió, politizó una campaña electoral vacía de contenidos y propició una mayor participación que la que suscitaban las propuestas y la credibilidad de los partidos. Resulta ahora que, más que la diferencia porcentual entre un partido y otro, los datos significativos serán la afluencia y la cantidad de votos nulos. Esta circunstancia abre una posibilidad que la simple rutina electoral, tal y como se había configurado, no permitía. Las elecciones legislativas de julio puede marcar una ruptura en la historia de la democracia mexicana: la crisis del electoralismo, la deslegitimación de una determinada clase política. Desde las cenizas del sistema de la alternancia puede empezar a surgir una alternativa fincada en un renovado protagonismo popular.

Apocalypse Not: Behind the Swine Flu Hysteria


(by Wired.com)

At the height of the swine flu pandemic this spring, when the US Centers for Disease Control and Prevention was recommending that schools with cases of H1N1 be closed for 14 days and Mexico was still on lockdown, the epidemiology community already suspected the world wasn’t ending. Why? The numbers came in: case fatality rate (how many infected people are dying) and replication rate (how many others an infected person will transmit the illness to — «R-zero,» in disease-speak). H1N1 had an RØ of about 1.3, high enough to spread the virus but low enough that a strong isolation program could break its back. Its case fatality rate was a wussy 1.9 percent in Mexico and 0.1 percent worldwide. By comparison, the 1918 Spanish flu had an RØ of 2.7 and a case fatality rate of up to 5 percent, making it far more deadly. A real apocalypse, like the killer flu in The Stand — Stephen King’s opus of epidemiologic eschatology — would be off the chart, with an RØ of 5 to 6 and a case fatality rate of 99 percent. So, don’t panic … unless H1N1 surges this fall. Where did we leave that hand sanitizer, again?

Full text at: http://www.wired.com/special_multimedia/2009/st_infoporn_1707

Dos Líneas

En medio del entendimiento de las cosas originales. Buscando las formas conocidas en nuestra mente, olvidamos que los nombres generales sólo vislumbran las nociones de una inmensa gama de matices.

Como en las sensaciones, los pensamientos y las emociones, la distancia entre el calor y el frío, o el odio y el amor, son tan cortas como lejanas dependiendo los ojos del que siente en silencio. Así quedamos perdidos entre los pensamientos, las sensaciones y la inalcanzable realidad, meditando si lo que ocurre, ocurre, o si nuestra mente tuerce con suavidad las imágenes, los sonidos, los sabores, la temperatura y el tiempo.

Pero los números son más claros, aún en las difusas memorias los números siguen indicando cantidades que pueden recordarse y ubicarse, pensar en dos, en tres o en mil. Podemos recordar 100 noches, 10,000 lágrimas, un millón de estrellas, aún cuando jamás las lleguemos a contar.

Desde el punto irreal desde el que me encuentro, y se encuentra todo, puedo dudar de absolutamente todo lo que pienso y considero, no hay nada que parezca lo suficientemente cuerdo para ser solido y de verdad formar un universo. Pero existen dos líneas.

Dos líneas que suceden al mismo tiempo, que partieron de dos puntos lejanos el uno del otro, que no se cruzan entre si para no dejar de ser dos lineas. Dos líneas que curvean eternamente, que suben y bajan, que tiemblan y casi se desmoronan una contra la otra, pero no se tocan. Son dos líneas y su existencia se define como su separación, una tierna manera de acompañarse sin morir.

Caminan, corren, se casi diluyen y después engrosan su tamaño. Se conversan cosas y se colorean en risas de formas que ellas van creando. Se vuelven paralelas y después se alejan. Cada una escribe su propio destino. No se si las líneas lo saben, pero no se distingue ya una forma aislada, lejana una línea de la otra. En el mundo que existe van y vienen dos líneas que separadas forman una forma intangible y sin terminar, que se escribe a cada punto que nace desde el fondo de cada una de las líneas, son tan distintas una de la otra que perfectamente se distingue el color de ambas, el grosor y hasta el tintineo, pero la forma que forman es hermosa, irregular, errónea, dulce, suave, graciosa y elegante. Son la creación de lo único que puedo percibir como real a partir de las dos únicas cosas que entiendo que pueden existir.

Las líneas no lo saben, pero están condenadas a formar una forma eterna sin terminar, jugarán el juego de ser el límite de todo, la una para la otra. Llenaran el espacio con su forma que parece muchas pero es una sola, eterna y efímera a la vez, que existe y se percibe y cada que crece hacia delante se desvanece hacia atrás.