Del tiempo

La escalofriante manera de actuar del curso de la vida, o el tiempo, me ha puesto a pensar. En sentido simple, me parece perfecta.

Me encanta ver como todo a mi alrededor parece comunicarse con mis deseos de una manera muy sutil, por deseos me refiero a que el curso natural de la existencia que entiendo como no propia de mi comprensión.

Sencillamente es más fuerte aún mi impresión de las cosas tan determinantes que suceden, cosas que pasan y al mismo tiempo lo recibimos con bastante cautela cuando sucede, esto resbala en nuestra vida cotidiana inmediata y podemos afrontar dicho encuentro con absoluta cautela, cuando hubiéramos confesado no haber estado listos o no podríamos afrontarlo.

Esto me hace pensar que en realidad, es una cuestión en la percepción del tiempo la que nos resulta sorprendente. Cuando algo que considerábamos en cuestión de tiempo, como amasar una fortuna, construir un edificio, ganar la confianza de alguien, sentir confianza por otros, en fin, cosas que en mi entendimiento del tiempo podrían tomar semanas, meses, años y incluso más que eso, sucedan sólo en instantes.

Sin particularizar demasiado, parecería ser que al tiempo no le importa nuestra percepción de las cosas, o tal vez, no tiene una consciencia para pensar en que nosotros tenemos una interpretación de como es que debería correr a lo largo de su circular existencia; y por lo cual las cosas pasan cuando quiera que sea.

Y no hay forma de preparación consciente de tal cosa, a menos que se estuviera preparado para todo y no necesariamente pensando que se conoce todo, pues lo que vendrá se desconoce e invariablemente será imposible estar preparado en cierta medida que esto permita controlar la situación y tener control. Sin embargo el ser humano ha sobrevivido a lo largo de los siglos gracias a que puede estar preparado para lo que viene a continuación, en dicho espacio de tiempo o época histórica.

Así es, me ha hecho pensar infinitamente y hasta el grado de la confusión total entre un millón de soluciones posibles, ¿Porqué aún después de todo me esfuerzo tanto por saber el final de la historia, aún sabiendo que no saberlo sólo me sorprenderá más cuando suceda?

Tal vez sólo debe ser mi necesidad de compartirlo con el mundo entero, tal vez es el deseo de verlo escrito y entender si todo esto sigue teniendo sentido. Pero parece que, partir de pensar que todo es perfecto porque es único, y que además esta conectado con todo lo que existe, y de esta manera no sólo es una en unicidad, en uno mismo único, sino único en sentido también y más integralmente en unidad, una sola y perfecta.

Me da gusto descubrir que hay desahogos filosóficos tan liberadores como la poesía, como la música clásica, como los sueños bien entendidos de conocer y como el deseo humano de no sólo sostenerse en el mundo sino de andar, ser parte de él, como no podemos evitar ser.

Escasez

A quien corresponda:

No por ser un día de verano, las hojas de los arboles no van a caer. Aunque existen razones suficientes para enlazar el sentido de los actos recientes en un determinado momento histórico, no enlazarlos es igual de válido. Por eso parece ser un placer caprichoso de algunos seres humanos el pensamiento crítico.

¿Qué responsabilidad existe en los actos conscientes de una persona que considera el asesinato un oficio aceptable? ¿Qué más da que este individuo haga consciencia, se cuestione y hasta actúe de acuerdo con su moral? Al final los que no matamos, sólo tenemos esa singular distinción de los asesinos.

Parece ser que la acción es la forma más válida de interacción. El juicio ya es un tanto quisquilloso. Cada día que pasa hablar se vuelve más incoherente. Las conversaciones están llenas de elementos que obstruyen la comunicación. He notado que muchas cosas dentro de un mensaje, no sólo son innecesarias, sino que implican un alto grado de contextualidad, que si bien ya tenía claro que en mi país el contexto es sumamente importante, me temo que no había reparado en esta práctica en muchas ocasiones es causal de malos entendidos.

Por eso ya no se que decir, ni que pensar. Todo lo que había creído luce tan parco, tan hueco, tan superficial. Y pues parece que no sé, o nunca supe donde indagar lo que realmente tiene caso conocer, degustar y probar. Supongo que debo tomarlo con calma y dejar que el presente me envuelva en su instantaneidad, su tiempo sin tiempo, como una fotografía.

Es como la belleza de una mujer bella. Belleza que se esconde principalmente en sus palabras y en sus ojos, pero que se desborda en su aroma, en sus manos y en como te toca. Vive en la expresión de su rostro, por eso no se va con los años, la juventud la esconde pero no para siempre. Pero sin duda la única arma que tiene la belleza auténtica se encuentra en la voz apacible de una mujer segura de si misma y que no tiene miedo a hablar sin la necesidad de decir algo. Es la inteligencia natural y graciosa, la seducción y el poder de los cuerpos femeninos de hacer con todo lo que existe un espejo.

Paradójicamente tanta vitalidad y fuerza que parecieran ser eternas, se disuelven fácilmente en el miedo, el ego y en lo superficial.

Es difícil pues explicar con palabras lo que considero ningún discurso puede englobar, me gusta tanto escribir que me obligo a pensar en voz alta, un poco para aclarar mis ideas y otro poco para corroborar que existen y hasta posiblemente hagan sentido, en otra realidad ajena a la mía.

Y sino no importa, lo que tengo que hacer ahora es: observar.