4 de Septiembre 2018

Ich bin Edgar, alles schön, danke schön.

Esta es la última noche en Berlín, mañana temprano nos vamos a Jerez de la Frontera, España. Ha sido casi un mes y como siempre, siento que podría quedarme aún más tiempo. Berlín tiene ese aire de lugar para los soñadores, para los hippies y los desterrados. No sé muy bien que eso que me atrae de este lugar, pero veo que no soy el único.

Por este año mi ciclo se completa aquí, y como siempre tuve un poco de todo. Muchas nuevas drogas, muchos nuevos amigos, nuevos sueños, nuevas ilusiones y nuevas razones para seguir construyendo.

Entiendo que esta vida se compone de ciclos, pero también de decisiones. De intentos persistentes que se ven mermados por las palabras sordas de quienes juzgan sin conocer. Tengo 31 años, y es momento para mi de tomar decisiones más serias. Siento que es momento de perseguir cosas más grandes, aprovechar que me encuentro envuelto de bendiciones, y que es una excelente razón para construir un nuevo futuro.

Hoy no tengo miedo de hacer frente a mis deseos, aceptarlos y luchar incansablemente por ellos, ya es tiempo. Entiendo que debe seguir creciendo mis sueños, que es momento de creer más de vivir más de soñar más profundo. Es la responsabilidad de los soñadores seguir abriendo las puertas para aquellos que todavía no se atreven a soñar.

Por el momento hay sentimientos encontrados. Me pregunto tantas cosas y me doy cuenta de tantas emociones y sentimientos que aún me dominan y aún en el punto más desarrollado de mi propio ser, sigo encontrando miedos y situaciones en donde no me siento bien. No porque haya algo con el mundo sino porque hay algo conmigo.

Cuando te sientes incómodo en un entorno que puedes juzgar como perfecto, te preguntas: ¿Qué sucede conmigo? ¿Porqué no me siento tan perfecto como todo lo demás? Para mi fue difícil seguirme convenciendo, que estaba aquí, vibrando en lo más alto. Pero claro, así es la vida. Y todo lo que no está construido el día de hoy, debe de seguirse construyendo, sobre todo en el uno mismo.

Por ahora me llevo importantes compromisos, brillantes y bellas ilusiones y grandes y arduas responsabilidades. Haré del alemán mi tercera lengua. Dejaré de escuchar las voces que no me dicen nada que me sirva. Concentraré mi energía en mirar con atención y dejarme llevar por los destellos de amor que brillan en el mundo.

No hay historias terminadas y probablemente esto se transforme en unos meses más, pero si puedo seguir cerca de estas ideas y de estos deseos, entonces que las puertas se abran, que yo me transforme en esa persona que deseo ser, y que la vida siga siendo un canal para ayudar a otras almas a que sean felices.

El único miedo que veo a mi alrededor, es el mio. Aquí la gente está cumpliendo sus deseos, y si bien no se sienten en paz consigo mismos, al menos no están cargando en los hombros el destino de una nación que busca sustraer de sus soberanos la energía vital y el esfuerzo colectivo.

Es septiembre otra vez, mi madre cumplirá 60 años. Sé quien soy, me amo y me acepto como soy. Me construyo y me destruyo todos los días, acepto mis errores y pido disculpas por mis obras mal realizadas. Si tengo que morir esta noche, que así sea.

Pero me quedo con el siguiente pensamiento:

Aún cuando sentí una bella y profunda atracción por ella, también entendí que había más de una atracción en ese momento, y que era parte de mi aprendizaje también dejar ir y aprender a sentir felicidad por la felicidad de las personas que pueden experimentar un vínculo especial, así que aún superando mi propio deseo, decidí amar con profundidad a esos dos seres que se encontraban ahí, y que si ese era el canal correcto, yo también pondría mi energía en que esa puerta se siga abriendo.

Sentí dolor y tristeza de dejar ir algo tan hermoso y perfecto, pero al mismo tiempo también sentí tranquilidad de aceptar que las cosas son como deben ser y no necesariamente como yo las deseo, que es bueno confiar en los sentimientos y en los deseos y permitir que estos se combinen con nuestra razón de ser en el universo. Gradual y paciente, como un cambio de piel, como una transformación sutil en donde las personas, las almas, los tiempos y las décadas escriban sus propias líneas doradas entre los destinos de los que deben encontrarse.

¿Aprendí mucho? Sigo en shock, y no sé bien que tanto he aprendido, lo que sí, es que ví muchas cosas que no estoy haciendo bien en este momento y que en definida puedo mejorar. A la distancia se ve tan claro que es mejor trabajar con pocas cosas, pero desarrollarlas lo mejor posible. No me siento mal por todo lo que aprendí, haciendo las cosas mal, he decidido este camino y ha resultado difícil seguir después de todo, y cargar la responsabilidad de los errores cometidos. Ya habrá tiempo de volver y de recordar cómo se forjaron tantas cosas, en donde empezaron los más bellos deseos, pero eso sí, cada vez es más genuino, menos superficial y cada vez el deseo de emprender un nuevo destino se dibujan con mayor claridad.

Hoy comienzo el nuevo decreto y el camino finalmente se dibuja. Es la hora de recorrer estos caminos con mayor profundidad, que la vida nos sorprenda, pero esta vez, de este lado del mundo.

Namasté.

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