La postergación

El fenómeno de postergar, consiste en retardar la ejecución de una acción por diversas razones mismas que pueden ser:

1. Porque no se desea llevar a cabo la acción y se está esperando hasta el último momento para llevar a cabo la acción.

2. Porque las condiciones ambientales no permiten que se lleve a cabo la acción, de esta manera la acción se posterga por condiciones externas a la persona.

3. Porque el placer que genera la acción es tan grande que se busca retardar su ejecución con la idea de llegar a un punto máximo cuando se realice la acción como en el caso de un beso o las relaciones sexuales.

El valor de postergar por el puro deseo de hacerlo, lleva al sujeto y al objeto, mismos que pueden ser ambos, personas, a uno juego interminable, dialéctico y completamente sensorial, que educa de una manera especial los sentidos y que ejercen una profunda fuerza, considero, aún mayor que la propia contenida en la ejecución de la acción, de esta manera por medio de la postergación de un acto placentero y deseado, conviven elementos que normalmente no conviven en este intercambio entre sujeto y objeto, el deseo se convierte en un catalizador que arrastra a ambos sujetos, o al sujeto y al objeto, entendiéndose uno como el que lleva al otro, que sin ninguna contradicción podrían ser ambos quienes lleven la situación colaborando en este juego por la obtención de la acción, aunque en realidad  esta nunca se lleve a cabo.

Por medio de la postergación del placer se pueden sentir una innumerable gama de colores sensoriales que no necesariamente van ligados a la acción misma pero que pueden ser tan intensos o tan deseables como la acción misma, esto nos lleva a pensar sobre la importancia de la realización misma de la acción o de la mera existencia de la acción como un referente necesario para poder generar toda la serie de emociones alrededor de su realización.

Esto es sólo un esbozo breve de como por medio de la postergación se pueden alcanzar sensaciones, que llamaré alternas a la acción, que pueden derivar en un profundo autoconocimiento o en una gama de placeres en tenues notas musicales que pueden conducir a la compenetración de dos sujetos que se intentan entrelazar y fundir en un acto, sin hacerlo, y así, fundirse exactamente en el mismo sentimiento que conlleva la acción.

Supongo que habría que consumar la acción para saber si el antecedente es capaz de superar a la acción misma.

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