Mi primer día en Berlín

El día de ayer a las 9:40 am llegué a la Ciudad de Berlín.

Me preguntaron sobre el motivo de mi visita y dije: placer, sin saber lo placentero que realmente sería estar aquí ahora.

Llegamos al barrio de Charlottenburg, dejamos mis cosas y salimos a caminar.

Recorrimos muchos lugares de los que antes había escuchado hablar y otros miles que no tenía idea que existían. Me impresionó los silenciosas que puedan ser 200 personas en una calle, y lo lento que pueden ser los bancos en el primer mundo también.

No pude tomar una sola foto, la verdad no lo intenté (sabía que la memoria de mi cel estaba llena) pero al mismo tiempo me dió gusto. Ver un Berlín cálido, brillante el oro de sus monumentos, brillante Sol sobre una sobria ciudad que es majestuosa por su profundidad y no por sus fachadas.

La distribución de los espacios horizontales me parecieron algo que nunca antes había visto. La limpieza, el orden, su gente y su multilculturalidad me han dejado sin palabras, pero lleno de hermosas sensaciones. Me siento como en casa y he podido empezar a trabajar de inmediato, mi rutina mejora en un entorno favorable.

Pienso en todas las cosas hermosas que ví ayer y me pregunto que es lo que más me gustó de los 20 kilómetros que caminamos ayer, y sólo puedo pensar en esa obra surrealista donde los hombres eran pequeñas salchichas envueltas en un cielo citadino en colores rosas y verdes brillantes. Como visiones del DMT.

Sabía que estaba lleno de bicicletas y me da gusto que la vida sea así de ordenada y sana en algunos lugares del planeta.

Pero creo que lo más importante, sentarme a fumar y a pasar el tiempo con mi amigo David, platicar sobre todas las cosas que hacemos, que pensamos y que sentimos, la capacidad de comunicarnos sin hablar y de sentir empatía por tantas cosas, es una especie de paz, de encontrarte en el otro y sentirse pleno con el refléjo. Verse a uno mismo en el otro, en uno al otro.

Que bueno que vine sin esperar nada, y que ahora que lo han visto mis ojos, saber que diferente era lo que decía la gente. Berlín es muy soleado para mi gusto, (llevo sólo 24 horas aquí, muchos dicen que soy afortunado) pero está bien, todo el mundo sólo habla del frío que va a hacer después.

Igual no importa, más que lugares ayer recuerdo haber estado ahí, vivo, despierto, sintiendo el viento, compartiendo el espacio con tantas personas y a la vez con una sensación de libertad y respeto que me hacía sentir seguro y tranquilo.

El Oktoberfest acabó antier así que ya fue, pero puedo venir otro año, por ahora sólo he visto una cara inocente de Berlín, aún tengo que conocer como la luna le cambia el humor a estos interesantes seres serios y estructurados.

Empezamos un poco fuerte entre los porros y el vitaminas de la fiesta, pero el Jetlag, la caminata y la ocasión lo ameritaban, hoy la dieta arranca diferente, con un poco de meditación, yoga y ejercicios, y una suave dosis de “la planta”; después de revisar todos pendientes de la chamba, programar unos pagos, son las 9:45 am y aprovecharé el día para salir a caminar. Hasta la 1:00 pm empieza el día en Argentina y hasta las 8:00 pm hay que hablar con las personas en Estados Unidos.

Mi primer día en Berlín es sin duda unos de los mejores dias de mi vida, el día que me dí cuenta que el presente es el futuro y es más fácil alcanzar lo que buscas cuando estás con las personas y en los lugares correctos.

Berlin Danke für Ihre Gastfreundschaft.

Salchicha.

 

 

 

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