La celebración

Entre el mar de hombres y seres, sociedades, mundos y corrientes filosóficas, existe un punto en donde todo lo conocido se vuelve trivial y lo trivial se vuelve el absoluto. Cuando celebramos nuestra condición de humanos y celebramos como humanos, bebemos, comemos y nos degustamos a nosotros mismos. Envueltos en un calor espiritual y alegre. Tan animal que dignfica nuestra condición de seres no del todo pensantes.

La celebración es la integración total de los esfuerzos del hombre. Inconscientemente, generalmente, andamos todos los días por diversos senderos, unos llevados por la obligación, otros por el deber, pero independientemente de todo, todos respiramos cuando llega el momento de relajar el cuerpo, bajar el ritmo cardiaco y beber hasta embriagarse.

Entre gritos eufóricos, abrazos apretados, palmadas en la espalda, besos, lágrimas, golpes agresivos, vidrios rotos, amores que nacen, amores que mueren, amores prohibidos, amistades eternizadas en momentos que se guardan en el corazón por siempre.

Accidentes, errores, arrepentimientos, grandes recuerdos, adrenalina inigualable, besos robados, besos prestados, dinero derrochado, dinero prestado, y todo en una extensión de tierra suficientemente pequeña para que todos seamos parte de un mismo calor, un mismo sentimiento un gran abrazo lleno de imperfección, belleza, trascendencia y placer.

Como los seres humanos que somos.

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